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ARROCES DEL MUNDO 2016
SABOREAR LA DIVERSIDAD

 


 

El pasado sábado día 4 tuvo lugar en el barrio la decimotercera edición de Arroces

del mundo, en la que Norai ha adoptado la tradición de participar desde hace ya tres años.



 

Arroces del mundo es mucho más que una paellada popular.
 

Arroces del mundo es mucho más que una forma diferente de comenzar el primer mes del verano. Arroces del mundo fue mucho más porque sucedieron, por lo menos, tres cosas.

 

En primer lugar, nos mostramos individuales, humanos, fraternos. En Arroces del mundo salimos de nosotros mismos para mostrarnos a los demás. El trabajo necesariamente silente que lleva a cabo todos los días cada persona, cada asociación, se dio a conocer al otro. Muchas y muy variadas sensibilidades y vocaciones, en el fondo tan iguales, pero a la vez tan distintas, se encuentran en momentos como éste, libres ya de toda asepsia, liberadas de la frialdad propia de la aburrida burrocracia esclavizadora y que deshumaniza con la que tenemos normalmente que lidiar. En demasiadas ocasiones, corremos el riesgo de convertirnos en funcionarios del servicio a los demás, y eso no nos lo podemos permitir. Gracias a momentos como el del sábado, y gracias a todos los que allí estuvieron, nos recordamos que nuestra dedicación va, ha de ir, mucho más allá de la mera inversión de unas horas de voluntariado a la semana.

En segundo lugar, no nos mostramos individualistas. El sufijo ismo estropea las cosas. Aprovechando esta ocasión, tuvimos la oportunidad de retirarlo del vocablo mostrando nuestros proyectos a otros, de dar a conocer nuestra obra mediante la palabra, de relacionarnos con el otro. Todo el trabajo, en ocasiones soterrado, puede ser, en la reunión con los demás, el germen de lo que florezca en el futuro. La atmósfera adecuada para este encuentro (pues este tipo de ambientes no son fáciles de descubrir) fue propiciado el sábado por la iniciativa y la ilusión de unas 4000 personas que eligieron esta forma de esparcirse comprometidamente con uno mismo y con los demás, aun cuando quizá hubiera sido más fácil ir a potear a los lugares habituales.

 

Por último, nos quedamos con un buen sabor de boca, y no sólo por el arroz que degustamos: nos divertimos y comimos bien, claro, pero también quedamos en deuda con algunas personas por su servicio y entrega absolutamente desinteresados. Ese trabajo discreto, lento, en momentos ingrato, aludido antes, estuvo presente una vez más, impregnando cada caseta como el olor que desprendían las distintas paelleras. Al igual que para culminar cada paella fueron precisos muchos granos de arroz, para consumar un proyecto son necesarias muchas aportaciones de muchas personas, y cada una de ellas confiere un enfoque, un matiz diferente a lo que se hace. De esta manera, Antonio y Elisa con la cocina, Luis con el montaje de la tienda, Lucas con la organización, Dani con la promoción de nuestros productos, y todos con nuestra mejor sonrisa, hicimos posible una vez más Arroces del mundo .

 

¡Gracias a todos en nombre de
Norai, y hasta el próximo año!

         

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